
El concepto TCR explicado en cifras
A lo largo de 2025 se disputaron 314 carreras en 28 países, organizadas por 33 campeonatos distintos.
Durante décadas, el automovilismo de turismo vivió atrapado en una contradicción difícil de resolver. Campeonatos nacionales fuertes, autos espectaculares y pilotos talentosos convivían con una realidad fragmentada: competir fuera del propio país implicaba cambiar de auto, de reglamento y, muchas veces, de presupuesto. El resultado fue un ecosistema caro, poco conectado y, en muchos casos, insostenible a largo plazo.
En 2015 apareció una alternativa distinta: el TCR, que no prometía revoluciones tecnológicas ni cifras descomunales. Prometía algo más complejo y, a la vez, más necesario: orden. Un reglamento técnico único, autos derivados de producción, costos contenidos y la posibilidad de competir en cualquier parte del mundo con la misma base mecánica.

El concepto fue creado por WSC Group, la empresa liderada por el promotor Marcello Lotti, una figura clave del automovilismo de turismo moderno. Lotti entendió antes que muchos que el problema no era la falta de talento ni de marcas, sino la ausencia de un sistema común que conectara a todos.
Once años después, el balance es contundente. El TCR se convirtió en el sistema de turismo más extendido del planeta, con presencia estable en los cinco continentes y una coherencia reglamentaria que muy pocas categorías pueden exhibir.
UN FENÓMENO GLOBAL MEDIDO EN HECHOS
La temporada 2025 terminó de confirmar lo que ya era evidente. A lo largo del año se disputaron 314 carreras TCR en 28 países, organizadas por 33 campeonatos distintos, todos bajo el mismo reglamento técnico. No se trata de una suma de torneos aislados, sino de una red global integrada.
Doce automotrices participaron activamente del concepto (Honda, Lynk & Co., Audi, Cupra, Toyota, Hyundai, Peugeot, Alfa Romeo, Volkswagen, Opel/Vauxhall/Holden, MG y Subaru) con 23 modelos diferentes y más de 3.500 participaciones registradas. En ese contexto, marcas como CUPRA, Hyundai y Honda lideraron los rankings de victorias, una señal clara de que el sistema no favorece a un actor único, sino que potencia la competitividad.
Hay un dato que resume mejor que cualquier discurso el espíritu del TCR: 175 pilotos distintos ganaron al menos una carrera durante la temporada. No hay hegemonías prolongadas ni grillas cerradas. Ganar es difícil. Mantenerse en lo más alto, todavía más.
SUDAMÉRICA DENTRO DE UN SISTEMA GLOBAL

Dentro de este ecosistema mundial, distintas regiones encontraron en el TCR una herramienta eficaz para ordenar su automovilismo de turismo. En Sudamérica, ese proceso puede observarse con claridad a través del TCR South America Banco BRB, una categoría que el año pasado disputó su quinto campeonato y que logró consolidarse en un contexto históricamente complejo, marcado por grandes distancias, costos logísticos elevados y realidades nacionales muy diferentes.
La temporada 2025, que tuvo como campeón a Leonel Pernía, volvió a reflejar ese ADN internacional con pilotos provenientes de Brasil, Argentina, Uruguay, Chile, Panamá y Estados Unidos, replicando exactamente las mismas reglas y vehículos utilizados en Europa, Asia o Norteamérica.
En ese sentido, el valor del TCR South America no está en diferenciarse del resto del mundo, sino en integrarse a él. Para los pilotos de la región, competir bajo el paraguas TCR dejó de ser un objetivo aislado para convertirse en parte de un sistema mayor, donde el mismo auto y el mismo reglamento permiten proyectarse a otras latitudes sin volver a empezar desde cero. Un ejemplo de eso es la Squadra Martino, el equipo referente de la especialidad, que este año competirá en el TCR Europa.
MÁS QUE UN CAMPEONATO, UNA PLATAFORMA
El verdadero éxito del TCR no reside únicamente en sus cifras, sino en lo que habilita. Equipos capaces de planificar a largo plazo, marcas que encuentran una vidriera global con costos razonables y pilotos que saben que cada carrera forma parte de un entramado internacional coherente.
Once años después de su creación por WSC Group, el TCR demuestra que el crecimiento sostenido en el automovilismo no siempre depende de la innovación extrema, sino de poner reglas claras, respetarlas y sostenerlas en el tiempo.



